viernes, 27 de febrero de 2015

¿Selva virgen o selva relegada?


Meses atrás una amiga mía celebró sus dieciocho años. Ella es oriunda de la selva y su familia decidió que la mejor manera de deleitar nuestro paladar sería sirviendo los platillos típicos amazónicos. Desde tacacho con cecina hasta deliciosos juanes desfilaron ante mis ojos y yo no perdí la oportunidad de embutirme probar cada bocadillo. No me había percatado hasta ese momento que hacía más de cinco años no había tenido algún alimento selvático en la boca. ¿Cómo era posible si esto era realmente delicioso? ¿No había tenido ferias regionales hasta el cansancio toda la primaria? ¿O estaba olvidando que la gastronomía de mi país estaba a la altura de cualquier otra a nivel internacional?

No voy a negar que una de mis actividades favoritas es comer. Muchas veces decido “autorecompensarme” después de realizar bien algún trabajo dándome el gustito. Mi elección predilecta son los makis o rolls de sushi. Sin embargo, estos antojos solo puedo dármelos de vez en cuando ya que el precio es algo elevado. Además, soy afecta a las pastas italianas y debo admitir que a la comida rápida también #FoodLover4eva. Recuerdo que cuando era pequeña coleccionaba todas las banderitas que traían las pizzas de diferentes países. No obstante, al tener esta epifanía me di cuenta que había dejado de lado a la bandera de mi propia patria.
Como me encontraba inquieta después de entender que no estaba consumiendo producto nacional. Decidí realizar una encuesta en las redes sociales preguntando a las personas hacía cuanto no habían degustado gastronomía selvática. La mayoría dijo que hacía menos de tres meses. Así que me sentí un bicho raro, desde luego. Pero también existía una gran cantidad –el segundo mayor grupo- que respondió que no la habían probado hace más de un año. Lo más irónico es que estas eran las mismas personas que se tomaban fotos con sus combos de Mc Donald’s, sushi y hacían check-in en los lugares más ostentosos de cadenas de comida estadounidenses. No critico esta acción en sí, pero sería agradable ver un buen paiche acompañado de jugo de camu camu en mi página de inicio eventualmente.
 
Volviendo al cumpleaños de mi amiga, los comensales estuvieron más que fascinados con la iniciativa de servir todos los bocaditos inspirados en los placenteros sabores amazónicos hasta que llegó el invitado más especial: el suri. No, no estaba vivo y movía su invertebrado cuerpecito cual bailarín de salsa. Pero aun así era poco usual y bastante osado ofrecer este exótico alimento. Muy pocas personas se atrevieron a probarlo, aunque una de ellas se tomó un selfie con él. Yo fui de aquellos que no lo degustaron, a pesar de que me daba curiosidad. Quizá a la próxima me anime y deje que el gusanito charapa me baile en el paladar.

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