Meses
atrás una amiga mía celebró sus dieciocho años. Ella es oriunda de la selva y
su familia decidió que la mejor manera de deleitar nuestro paladar sería
sirviendo los platillos típicos amazónicos. Desde tacacho con cecina hasta
deliciosos juanes desfilaron ante mis ojos y yo no perdí la oportunidad de embutirme
probar cada bocadillo. No me había percatado hasta ese momento que hacía más de
cinco años no había tenido algún alimento selvático en la boca. ¿Cómo era
posible si esto era realmente delicioso? ¿No había tenido ferias regionales
hasta el cansancio toda la primaria? ¿O estaba olvidando que la gastronomía de
mi país estaba a la altura de cualquier otra a nivel internacional?
No
voy a negar que una de mis actividades favoritas es comer. Muchas veces decido
“autorecompensarme” después de realizar bien algún trabajo dándome el gustito.
Mi elección predilecta son los makis o rolls de sushi. Sin embargo, estos
antojos solo puedo dármelos de vez en cuando ya que el precio es algo elevado.
Además, soy afecta a las pastas italianas y debo admitir que a la comida rápida
también #FoodLover4eva. Recuerdo que cuando era pequeña coleccionaba todas las
banderitas que traían las pizzas de diferentes países. No obstante, al tener
esta epifanía me di cuenta que había dejado de lado a la bandera de mi propia
patria.
Como
me encontraba inquieta después de entender que no estaba consumiendo producto
nacional. Decidí realizar una encuesta en las redes sociales preguntando a las
personas hacía cuanto no habían degustado
gastronomía selvática. La mayoría dijo que hacía menos de tres meses. Así que
me sentí un bicho raro, desde luego. Pero también existía una gran cantidad –el
segundo mayor grupo- que respondió que no la habían probado hace más de un año.
Lo más irónico es que estas eran las mismas personas que se tomaban fotos con
sus combos de Mc Donald’s, sushi y hacían check-in
en los lugares más ostentosos de cadenas de comida estadounidenses. No critico
esta acción en sí, pero sería agradable ver un buen paiche acompañado de jugo
de camu camu en mi página de inicio eventualmente.
Volviendo
al cumpleaños de mi amiga, los comensales estuvieron más que fascinados con la
iniciativa de servir todos los bocaditos inspirados en los placenteros sabores
amazónicos hasta que llegó el invitado más especial: el suri. No, no estaba
vivo y movía su invertebrado cuerpecito cual bailarín de salsa. Pero aun así
era poco usual y bastante osado ofrecer este exótico alimento. Muy pocas
personas se atrevieron a probarlo, aunque una de ellas se tomó un selfie con él. Yo fui de aquellos que no
lo degustaron, a pesar de que me daba curiosidad. Quizá a la próxima me anime y
deje que el gusanito charapa me baile en el paladar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario